1 de noviembre de 2010

MONÓLOGO ALGEBRÁICO x)


Ya sé que por mí mismo conformo un conjunto, ya lo sé. Todo ese rollo del autoestima y de aprender a vivir solo. Pero lo cierto es que me gustaría encontrar un elemento que fuera mi complementario en el "nosotros". Alguien con quien, poder al menos, definir una operación interna. Así se podría distinguir de mis ocasionales operaciones externas.
Comenzaríamos una apasionada relación binaria, antireflexiva y circular, y entre conexión y conexión, podríamos empezar a estudiarnos y conocernos mejor; nuestras congruencias e ideales, nuestras particiones más íntimas y personales.
Disfrutaríamos nuestros momentos de unión y de intersección, por supuesto bajo las leyes de Morgan.
Claro que no quiero un elemento neutro, eso no me resolvería gran cosa. Tampoco mi simétrico pues andaríamos todo el tiempo anulándonos mutuamente. No, yo quiero un elemento regular, linealmente independiente que me abra nuevas direcciones y dimensiones.
Paseando por las calles, ya no sería sólo un elemento más, anónimo en el gran espacio muestral de la ciudad, sino un subconjunto, con todas las de la ley, de composición interna.
En el día a día seríamos asociativos, un semigrupo de lo más divertido. Por la noche… seríamos más que conmutativos, seríamos doblemente distributivos, todo un anillo abeliano. Y quién sabe si con el tiempo nos convertiríamos en un sistema de generadores. Nuestro conjunto crecería y estableceríamos una relación de equivalencia: la familia. Y… ¡Dios mío, no! Todos seríamos linealmente dependientes. Tendería a diagonalizarme para ser más fácil de determinar, evitando transposiciones innecesarias. Empezarían los epimorfismos por el día y los monomorfismos por la noche. El conjunto vacío haría su aparición en las interminables tardes de domingo cuando descubriese que no había disfrutado del fin de semana y que el periodo de la rutina es inmutable. Ya no tendría esos tangenciales contactos con elementos externos tan necesarios para alimentar el épsilon de mi entorno más íntimo y profundo; ni sorpresas hiperbólicas ni aventuras impropias. Se acabaron mis noches de muestreo y mis colecciones asintóticas…
En fin, que tras esta reflexión y por reducción al absurdo, queda entonces demostrado que no está tan mal lo de “ser sólo”. Así que seguiré bailando en la inmensa cuadrícula de la vida mientras me aferro a mi frontera confiando que algún día la topología fuzzy o la hipótesis del continuo sean capaces de dar salida a mis inexorables contradicciones paradójicas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario